Puerta de Moros y la morería madrileña: historia, leyendas y cine
Si hay un lugar donde el pasado de Madrid aún respira entre los muros, ese es la Puerta de Moros. En la confluencia de las calles del mismo nombre, Costanilla de San Andrés y Cava Baja, se encontraba una de las entradas más antiguas de la ciudad amurallada.
Hoy, el tráfico y los bares la han transformado, pero bajo sus adoquines laten siglos de historia.
La muralla y la ciudad medieval
En la Edad Media, Madrid era una pequeña villa fortificada que alternaba manos entre musulmanes y cristianos. Su muralla principal, de origen islámico, se levantó en el siglo IX bajo el emir Muhammad I de Córdoba, cuando el lugar era conocido como Mayrit.
Tras la conquista cristiana en 1085, la villa creció extramuros, y la zona sur —hoy La Latina— se convirtió en la morería madrileña, el barrio donde vivían los mudéjares: musulmanes que permanecían bajo dominio cristiano. La Puerta de Moros marcaba la frontera simbólica entre ambos mundos: el Madrid cristiano dentro de la muralla y el arrabal musulmán fuera de ella.
A través de esa puerta pasaban mercaderes, aguadores y peregrinos que subían hacia la Iglesia de San Andrés o hacia el mercado de la Plaza de la Cebada. Era, además, una de las zonas más activas del comercio de la villa, repleta de talleres, tabernas y puestos ambulantes.
Un barrio de leyendas
Como todo rincón antiguo, la Puerta de Moros está envuelta en leyendas. Una de las más conocidas cuenta que, tras la conquista cristiana, un grupo de musulmanes escondió un tesoro bajo las piedras antes de abandonar la ciudad.
Siglos después, un vecino juró haber oído monedas tintinear bajo su casa cuando llovía. Nunca se halló el tesoro, pero la historia alimentó el imaginario popular durante generaciones.
Otra leyenda, más trágica, habla de un alma en pena que recorre la zona durante las noches de tormenta. Se dice que pertenece a un caballero cristiano que, enamorado de una joven musulmana, murió defendiendo la puerta durante un ataque. Su espíritu —según los viejos del barrio— aún se deja oír cuando el viento sopla fuerte desde la calle Segovia.
La Puerta de Moros en la vida cotidiana
Con el paso de los siglos, la muralla fue perdiendo su función defensiva y los espacios de la morería se integraron en el trazado urbano. Durante el Renacimiento y el Barroco, la zona se llenó de conventos, hospicios y palacios. La Costanilla de San Andrés, cercana a la Plaza de la Paja, se convirtió en una de las calles más pintorescas del viejo Madrid.
En el siglo XIX, la zona era ya un barrio popular y bullicioso, frecuentado por comerciantes, aguadores y gentes de paso. El nombre de “Puerta de Moros” sobrevivió incluso después de desaparecer la puerta física, como un eco de la historia que Madrid nunca quiso olvidar.
La morería en el cine y la cultura
Hoy, la Puerta de Moros y sus alrededores son escenario frecuente de rodajes. El director Pedro Almodóvar ha ambientado aquí algunas de sus películas, fascinado por las calles estrechas, las fachadas coloridas y la mezcla de tradición y modernidad que define al barrio.
No es casualidad: La Latina conserva esa dualidad entre lo castizo y lo cosmopolita, entre lo sagrado y lo profano, que tanto inspira a artistas y cineastas.
Entre las calles Cava Baja, Cava Alta y Puerta de Moros se concentra una de las mayores ofertas gastronómicas de Madrid. Tabernas centenarias, antiguas bodegas y bares modernos conviven sobre los mismos cimientos donde los mudéjares comerciaban con sedas, especias y objetos de cobre.
Lo que queda de la vieja muralla
Aunque la Puerta de Moros desapareció hace siglos, aún es posible seguir el rastro de la muralla medieval. En la cercana Cuesta de los Ciegos o en el Parque de Mohamed I, se conservan tramos originales de piedra y yeso que pertenecieron al recinto musulmán del siglo IX.
Desde allí, uno puede imaginar el antiguo perfil de Mayrit, con su alcázar sobre el río y sus torres de vigilancia mirando hacia el valle del Manzanares.
La historia de la Puerta de Moros es, en el fondo, la historia de cómo Madrid nació del encuentro entre culturas. Entre el rumor del vino en las tabernas y el eco de los pasos sobre los adoquines, aún puede sentirse ese pasado que nunca se fue del todo.
Fuentes consultadas: documentación de la ruta “Latina / San Isidro”, Archivo Histórico de Madrid, y estudios sobre la muralla medieval de Mayrit.