El incendio del Teatro Novedades: la tragedia que estremeció Madrid
Hay fechas que quedan grabadas en la memoria de una ciudad. En el caso de Madrid, 13 de septiembre de 1928 es una de ellas. Aquella tarde, el barrio de La Latina se preparaba para disfrutar de una función de teatro en el Teatro Novedades, sin sospechar que el espectáculo se convertiría en tragedia.
Un teatro nacido del entusiasmo popular
El Teatro Novedades se encontraba en el número 83 de la calle Toledo, en el corazón de uno de los barrios más castizos de la capital. Su historia había comenzado muchos años antes, cuando un antiguo cuartel de caballería fue transformado en teatro de aficionados y circo ecuestre. La popularidad del lugar creció, y finalmente se inauguró como gran teatro en 1857, con la asistencia de la reina Isabel II y su esposo Francisco de Asís.
Aquel día se representó El mejor alcalde, el rey, de Lope de Vega, en medio del entusiasmo del público y la expectación de toda la ciudad.
Durante décadas, el Teatro Novedades fue un referente del entretenimiento madrileño. Se reformó varias veces y ofreció espectáculos de zarzuela, sainetes y comedias. Era un teatro de barrio, pero con alma de gran escenario, donde la gente acudía tanto a reír como a olvidarse de los problemas del día a día.
La noche del incendio
La fatídica noche del 13 de septiembre de 1928, se representaba el sainete andaluz La mejor del puerto. El decorado, de vivos colores, mostraba una Sevilla festiva, con farolillos y guirnaldas. A las 20:50 horas, uno de los farolillos eléctricos del escenario se incendió tras un cortocircuito. En segundos, las llamas se extendieron por el telón y los decorados de lona, cayendo sobre el foso de la orquesta.
El edificio, construido casi íntegramente en madera, se convirtió en una trampa mortal. Los actores lograron escapar por los bastidores, pero el público del anfiteatro y del gallinero quedó atrapado. Las angostas escaleras laterales y la ausencia de salidas de emergencia impidieron una evacuación rápida.
En medio del pánico, muchos espectadores se lanzaron desde las alturas al patio de butacas. Algunos murieron al caer; otros, malheridos, lograron sobrevivir. Las llamas consumieron el teatro en pocos minutos.
Cuando los bomberos lograron sofocar el incendio, el balance fue devastador: más de 80 muertos y 200 heridos. Era la mayor tragedia teatral de la historia de Madrid.
El eco de la tragedia
La noticia conmocionó a toda la ciudad. Los periódicos dedicaron sus portadas al suceso, y las imágenes de los escombros y las víctimas recorrieron España. Las familias del barrio se agolpaban frente a las ruinas del teatro, buscando entre las listas de heridos y fallecidos los nombres de sus seres queridos.
La solidaridad del pueblo madrileño fue inmediata. Se organizaron colectas benéficas, y las compañías teatrales de toda la ciudad realizaron funciones especiales para recaudar fondos para las víctimas. La prensa nacional apeló al espíritu de unidad de Madrid, y las colas de donantes se extendieron por las calles cercanas.
Entre las víctimas se encontraban muchos vecinos humildes de La Latina, que habían acudido aquella noche para disfrutar de una representación económica. El incendio truncó familias enteras y dejó una herida en la comunidad que tardaría décadas en cicatrizar.
Lecciones del desastre
El incendio del Teatro Novedades sirvió para cambiar la forma de concebir los espacios públicos en Madrid. Las autoridades municipales revisaron la seguridad de los teatros y se implementaron medidas obligatorias de evacuación, salidas de emergencia y materiales ignífugos. Fue, en cierto modo, el triste impulso que llevó a modernizar los espectáculos madrileños.
En el lugar donde estuvo el teatro se instaló una placa conmemorativa del Ayuntamiento de Madrid, recordando a las víctimas. Allí, bajo el sol o la lluvia, aún se depositan flores de vez en cuando. Es un homenaje silencioso a quienes murieron disfrutando del arte que tanto amaban.
La memoria del barrio
El incendio del Novedades no solo cambió la historia de un edificio: cambió la historia de un barrio. La Latina, acostumbrada a la vida alegre de sus tabernas y teatros, sintió el golpe como propio. Muchos vecinos recordaban aquel día como “la noche en que el cielo de Madrid se tiñó de fuego”.
Aun así, la tragedia no logró apagar el espíritu del barrio. Con el tiempo, nuevas salas y teatros devolvieron la risa y la música a sus calles. Pero cada vez que alguien menciona la palabra “Novedades”, los mayores del lugar bajan la voz y asienten con respeto.
Porque Madrid, aunque siempre viva y cambiante, nunca olvida a sus muertos ni sus historias.
Fuentes consultadas: documentación histórica de la ruta “Latina / San Isidro”, Hemeroteca Municipal de Madrid, y archivos periodísticos de 1928.