Beatriz Galindo y el Hospital de la Latina: saber y compasión en el Madrid de los Reyes Católicos
Entre las estrechas calles del barrio de La Latina, los muros esconden una historia de sabiduría, poder y generosidad. Pocos saben que el nombre del barrio proviene de una mujer: Beatriz Galindo, una de las figuras femeninas más admirables del Renacimiento español.
Una mujer adelantada a su tiempo
Nacida en Salamanca hacia 1465, Beatriz Galindo mostró desde niña un talento excepcional para el latín, lengua que dominó con tal maestría que pronto fue conocida como “La Latina”. Su erudición llamó la atención de la reina Isabel la Católica, quien la incorporó a su corte como maestra, consejera y amiga.
A diferencia de otras damas de la época, Beatriz no se limitó al papel cortesano. Participó en debates teológicos y filosóficos, aconsejó a la reina en cuestiones de educación y promovió el aprendizaje de las lenguas clásicas. Pero más allá del saber, destacó por su profundo sentido humanista y religioso, rasgos que marcarían su huella en Madrid.
La fundación del Hospital de la Latina
Junto a su esposo, Francisco Ramírez de Madrid, conocido como “el artillero” por su papel en las campañas de los Reyes Católicos, Beatriz decidió dedicar su fortuna a una obra de caridad. En 1499 fundaron el Hospital de la Concepción de Nuestra Señora, más conocido como el Hospital de la Latina, en la calle Toledo.
El hospital estaba destinado a atender a los pobres y enfermos de la ciudad, y contaba con una capilla anexa y un pequeño convento. Beatriz supervisó personalmente su construcción y su funcionamiento, asegurando que el hospital no fuera solo un lugar de curación física, sino también un refugio espiritual y digno para los más desfavorecidos.
En el número 52 bis de la calle Toledo, una placa conmemorativa recuerda hoy aquel gesto. Justo al lado, otra placa menciona al pintor Pedro Berruguete, autor de la tabla La Virgen de la Leche, realizada para el hospital y considerada una de las primeras representaciones maternales de la Virgen en la pintura castellana.
El arte de la compasión
La obra de Berruguete, perdida durante siglos y hallada entre maderas viejas en los almacenes del Ayuntamiento de Madrid, fue atribuida en 1951 por el historiador Manuel Gómez Moreno. Probablemente fue encargada por la propia Beatriz Galindo, y estaba destinada al altar del hospital. Hoy puede admirarse en el Museo del Prado, después de pasar por el Museo de San Isidro y el Museo de Historia de Madrid.
En aquella época, los hospitales no eran instituciones médicas como las actuales. Eran lugares de acogida y consuelo, sostenidos por órdenes religiosas y benefactores particulares. Beatriz Galindo supo unir el espíritu cristiano con una visión humanista del cuidado, adelantándose a su tiempo. Su obra fue un ejemplo de caridad organizada, donde los enfermos eran atendidos con respeto y los viajeros pobres encontraban abrigo.
Del hospital al teatro
El antiguo hospital desapareció con el tiempo, pero su solar siguió siendo un espacio de cultura y vida madrileña. En 1904 se levantó allí un pequeño convento, y en 1917 se construyó el Teatro de la Latina, reformado en 1919 y rehabilitado en 1995.
El teatro, uno de los más emblemáticos de Madrid, fue regentado por la inolvidable Lina Morgan y su hermano José Luis, quienes lo compraron en 1978. Durante décadas, el teatro fue sinónimo de comedia popular, carcajadas y cariño del público. Tras la muerte de Lina Morgan, el Ayuntamiento de Madrid le rindió homenaje con un mural cerámico de más de once metros en la estación de Metro de La Latina, obra de David Cárdenas, visto cada año por millones de viajeros.
Beatriz Galindo, símbolo del Madrid humanista
Beatriz Galindo falleció en 1535, y fue enterrada en el convento de la Concepción Jerónima, fundado también por ella. Su figura representa una rara síntesis entre intelectual y filántropa, entre el mundo de las letras y el de la acción. En una época dominada por hombres, su legado transformó Madrid en un centro de saber y compasión.
Hoy, cuando paseamos por la calle Toledo o cruzamos la Plaza de la Cebada, seguimos caminando sobre los pasos de aquella mujer que hizo de la cultura y la bondad su forma de servir al mundo. Y aunque los muros del hospital ya no existen, su espíritu pervive en cada rincón del barrio que lleva su nombre: La Latina.
Fuentes consultadas: documentación histórica de la ruta “Latina / San Isidro”, Archivo de la Villa de Madrid, y Mesonero Romanos.