El Primer Incendio de 1631: La Primera Prueba de Fuego
El primer gran incendio de la Plaza Mayor se produjo en 1631, apenas doce años después de su inauguración. Este siniestro puso a prueba tanto la solidez de la construcción como la capacidad de respuesta de las autoridades municipales y reales. Las obras de reconstrucción fueron encargadas nuevamente al arquitecto municipal Juan Gómez de Mora, quien aprovechó la oportunidad para introducir mejoras técnicas significativas.
Una de las modificaciones más importantes fue el cambio de material en las cubiertas. Las cubiertas de plomo originales, que habían facilitado la propagación del fuego debido a su baja resistencia térmica, fueron sustituidas por materiales menos conductores del calor. Esta decisión técnica revela el nivel de conocimiento arquitectónico de la época y la capacidad de aprender de los errores constructivos.
El Segundo Incendio de 1672: Destrucción Casi Total
El 20 de agosto de 1672 se produjo el segundo y más devastador de los incendios. Este siniestro destruyó casi por completo la Casa de la Panadería, uno de los edificios más emblemáticos del conjunto. Solamente se salvaron el sótano, formado por 56 pilastras de granito cubiertas con bóvedas de ladrillo, y la planta baja con los soportales.
La reconstrucción corrió a cargo del arquitecto Tomás Román, quien mantuvo escrupulosamente la parte no destruida del edificio. Los trabajos de decoración interior y los frescos de la fachada fueron realizados por Claudio Coello y José Jiménez Donoso, dos de los más importantes pintores del barroco madrileño. Esta intervención artística elevó significativamente la calidad estética del conjunto, convirtiéndolo en uno de los espacios más refinados del Madrid de la época.
El Gran Incendio de 1790: La Oportunidad de Villanueva
El tercer y último gran incendio se produjo en el verano de 1790, destruyendo las tres cuartas partes de las edificaciones de la Plaza Mayor, así como edificios circundantes como la iglesia de San Miguel de los Octoes (en cuyo solar se encuentra actualmente el Mercado de San Miguel).
Milagrosamente, la Casa de la Panadería sobrevivió a este tercer incendio, lo que resultó providencial para la reconstrucción posterior. Juan de Villanueva, el arquitecto más prestigioso del momento, fue el encargado de dirigir las obras de reconstrucción, que se iniciaron en 1791 y finalizaron en 1840.
La Intervención de Villanueva: Perfección Neoclásica
Villanueva tomó la Casa de la Panadería superviviente como referencia arquitectónica para el diseño de todo el conjunto. Esta decisión garantizó la coherencia estilística y la armonía visual del espacio reconstruido. El arquitecto introdujo modificaciones sustanciales que mejoraron significativamente la funcionalidad del conjunto:
Mejoras en la accesibilidad: Villanueva cerró la plaza en sus cuatro esquinas y unificó todos los accesos bajo arcos porticados. Esta intervención, que eliminó las tres calles que anteriormente accedían descubiertas a la plaza, creó una mayor sensación de recinto cerrado y monumentalidad.
Perfeccionamiento estructural: Las nuevas construcciones incorporaron los avances técnicos de finales del siglo XVIII, mejorando la resistencia al fuego y la solidez general del conjunto.
Armonización estilística: La intervención de Villanueva logró unificar todo el perímetro de la plaza bajo criterios neoclásicos, creando una imagen homogénea que perduró hasta nuestros días.
La Casa de la Panadería: Superviviente y Modelo
La Casa de la Panadería, construcción original del proyecto de Juan Gómez de Mora, adquirió tras el incendio de 1790 un valor simbólico y arquitectónico excepcional. Su supervivencia la convirtió en el último testimonio directo de la plaza original de los Austrias, y su uso como modelo por Villanueva garantizó la continuidad histórica del conjunto.
En 1880, el arquitecto Joaquín María de la Vega acometió importantes obras de remodelación interior y restauración. Se colocó en el balcón real un escudo esculpido por el italiano Barbieri y se instaló en sus dependencias el archivo de la Villa.
La Evolución Decorativa: De Guijo a Carlos Franco
La fachada de la Casa de la Panadería ha experimentado varias transformaciones decorativas que reflejan los gustos artísticos de cada época:
1914: El pintor y ceramista Enrique Guijo decoró la fachada con pinturas que se deterioraron con el paso del tiempo.
1988: Ante el deterioro de las pinturas de Guijo, el Ayuntamiento convocó un concurso público para renovar la decoración exterior.
1992: Carlos Franco resultó elegido y realizó las pinturas que observamos en la actualidad. Su proyecto representa personajes mitológicos como Cibeles, Proserpina, Baco y Cupido, junto con figuras vinculadas a la historia de Madrid y de la propia plaza.
Significado Histórico de la Resiliencia
Los tres incendios y sus respectivas reconstrucciones revelan aspectos fundamentales de la mentalidad y la organización social del Madrid de los Austrias y del período posterior:
Capacidad de respuesta institucional: La rapidez y eficacia de las reconstrucciones demuestran la fortaleza de las instituciones municipales y la importancia simbólica que se otorgaba al espacio.
Evolución técnica: Cada reconstrucción incorporó mejoras técnicas que reflejan el progreso del conocimiento arquitectónico y constructivo.
Continuidad simbólica: La voluntad de mantener la esencia arquitectónica original revela la importancia identitaria de la plaza para los madrileños.
Mecenazgo público: Las sucesivas reconstrucciones demuestran la capacidad financiera del poder público para mantener los espacios emblemáticos de la ciudad.
La historia de los incendios de la Plaza Mayor es, en definitiva, la historia de la capacidad de una ciudad para reinventarse manteniendo su esencia. Cada destrucción se convirtió en una oportunidad de mejora, y cada reconstrucción añadió nuevas capas de significado histórico y artístico al conjunto, creando el espacio complejo y estratificado que admiramos en la actualidad.
Cronología de los incendios
Reconstrucción parcial
Nuevas mejoras arquitectónicas
Rediseño por Juan de Villanueva