La Construcción: Benito Jiménez de Cisneros y el Legado del Cardenal
La Casa de Cisneros fue mandada construir en 1537 por Benito Jiménez de Cisneros, sobrino del famoso Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, una de las figuras más influyentes del reinado de los Reyes Católicos. Esta conexión familiar no es meramente anecdótica, sino que sitúa la construcción en el contexto de las grandes fortunas eclesiásticas que caracterizaron el tránsito del siglo XV al XVI.
El promotor del edificio tuvo que vender algunos bienes patrimoniales para poder pagar el permiso de construcción, dato que revela tanto las dificultades económicas de la época como la estricta regulación municipal que ya existía en el Madrid del siglo XVI. Este detalle económico subraya la importancia que se otorgaba a la construcción de una residencia digna en el centro de la villa.
Características Arquitectónicas: El Plateresco Madrileño
La Casa de Cisneros representa la única construcción civil de estilo plateresco que se conserva actualmente en Madrid, lo que la convierte en un testimonio arquitectónico de valor excepcional. El estilo plateresco, característico del Renacimiento español, se aprecia especialmente en la fachada de granito de la calle del Sacramento, que constituía la fachada principal original del edificio.
Elementos arquitectónicos destacados:
- Arco de mampostería de granito en el acceso principal
- Balcón principal flanqueado por dos columnas de proporciones clásicas
- Detalles renacentistas en puertas y ventanas
- Puerta de madera profusamente labrada en el acceso principal
La orientación original del edificio es fundamental para comprender su concepción arquitectónica: la fachada que actualmente da a la Plaza de la Villa era originalmente la parte trasera del edificio, destinada a cuadras y corrales. La verdadera fachada principal se abría a la calle del Sacramento, evidenciando la importancia de esta vía en la jerarquía urbana del Madrid del siglo XVI.
Antonio Pérez y el Episodio de Espionaje Político
Durante el reinado de Felipe II, la casa se convirtió en escenario de uno de los episodios más turbios de la historia política española. Antonio Pérez, poderoso secretario del rey, habitó en el edificio y lo utilizó como centro de sus operaciones políticas y de espionaje.
El Caso Escobedo: En 1578, Juan de Escobedo salió de una entrevista con la princesa de Éboli en esta casa y fue asesinado al doblar la esquina de la entonces calle del Camarín de Santa María (actual calle de la Almudena). Este asesinato, en el que estuvo implicado Antonio Pérez, desencadenó uno de los mayores escándalos políticos del reinado filipino.
La Fuga Espectacular: En 1590, Antonio Pérez logró escapar de su prisión domiciliaria en la Casa de Cisneros utilizando un pasadizo secreto que comunicaba el edificio con la iglesia de San Justo. Esta fuga, que permitió al secretario real huir a Francia, se convirtió en una leyenda urbana del Madrid de los Austrias y evidencia la existencia de toda una red de conexiones subterráneas en el casco histórico.
Transformaciones y Usos Posteriores
A lo largo del siglo XVII, la casa perteneció al arzobispo de Toledo, cardenal Bernardo de Sandoval y Rojas, lo que subraya su prestigio continuado entre las élites eclesiásticas. Posteriormente pasó al conde de los Arcos y en el siglo XIX al conde de Oñate por la unión de mayorazgos.
Crisis del siglo XIX: En 1845, el edificio se encontraba en estado ruinoso y fue necesaria una reconstrucción completa. Esta intervención supuso modificaciones sustanciales:
- Eliminación de las caballerizas y cocheras
- Construcción de una nueva fachada a la Plaza de la Villa
- Eliminación del balcón corrido de la fachada a la calle del Sacramento
- Reducción de la altura de las plantas
- Redistribución completa del interior
La Adquisición Municipal y la Restauración de Luis Bellido
En 1909, el Ayuntamiento de Madrid compró el edificio a los herederos de la condesa de Oñate con el objetivo de ampliar las dependencias municipales. La operación inmobiliaria respondía a la necesidad de dotar al consistorio de espacios administrativos acordes con el crecimiento de la ciudad.
El arquitecto Luis Bellido se encargó de la restauración, que fue modélica para su época:
Recuperación de elementos originales: Se rescataron elementos constructivos originales de las fachadas y se recuperaron artesonados históricos en el interior.
El pasadizo elevado: Bellido construyó el famoso pasadizo que une la Casa de Cisneros con la Casa de la Villa sobre la calle de Madrid. Esta estructura se ha convertido en uno de los elementos más característicos y fotografiados de la Plaza de la Villa.
Respeto por la historia: La intervención de Bellido equilibró magistralmente la necesidad de adaptar el edificio a nuevos usos con el respeto por su valor histórico y arquitectónico.
La Plaza de la Villa: Evolución Urbana y Arquitectónica
La Plaza de la Villa constituye un conjunto arquitectónico único que abarca cinco siglos de historia madrileña. La plaza se configuró durante la Edad Media como plaza de San Salvador, en referencia a la parroquia del mismo nombre situada en el número 70 de la actual calle Mayor.
Evolución cronológica del conjunto:
- Siglo XV: Torre y Casa de los Lujanes (gótico-mudéjar)
- Siglo XVI: Casa de Cisneros (plateresco)
- Siglo XVII: Casa de la Villa (barroco madrileño)
Esta superposición cronológica convierte la plaza en un libro de historia de la arquitectura civil madrileña, donde cada época dejó su huella específica sin destruir los testimonios anteriores.
El Significado Histórico: Poder, Prestigio y Continuidad
La Casa de Cisneros trasciende su valor arquitectónico para convertirse en símbolo de la continuidad del poder nobiliario y eclesiástico en el Madrid de los Austrias. Su historia revela:
La importancia del mecenazgo: La construcción respondía tanto a necesidades habitacionales como a la voluntad de manifestar el prestigio social de la familia Cisneros.
La complejidad política: El episodio de Antonio Pérez demuestra cómo los edificios privados podían convertirse en centros de poder alternativo y conspiración política.
La adaptabilidad arquitectónica: Las sucesivas transformaciones muestran la capacidad de la arquitectura histórica para adaptarse a nuevos usos manteniendo su esencia.
El valor patrimonial: La conservación y restauración del edificio refleja la toma de conciencia municipal sobre la importancia del patrimonio histórico.
La Casa de Cisneros representa así un microcosmos perfecto del Madrid de los Austrias: arquitectura refinada, poder nobiliario, intrigas políticas, transformaciones urbanas y, finalmente, conservación patrimonial. Su estudio permite comprender no solo la evolución arquitectónica de la ciudad, sino también las transformaciones sociales, políticas y culturales que configuraron el carácter específico del Madrid histórico.